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Del diario de una compositora (Cuento 3)

Compongo con zorrería y con mucha, muchísima cautela. Pero cuando la materia vibrátil se me resiste, la agarro por el cuello hasta doblegarla a taconazos. ¡Maldita sierpe antigua! No hay nada en música que mi voluntad no venza.

Hete aquí un problema de la máxima magnitud en cuanto a la forma: ¿es posible, manteniendo la majestuosidad sinfónica, articular dos o más piezas con el mismo elemento temático? Prescindo de nexos trasnochados como la idée fixe o la serialización. Algunos han compuesto tetralogías o hexalogías no atendiendo a las demandas estrictamente sinfónicas, sino a las psicodramáticas propias del melodrama, o a las inherentes a la rapsodia. Otra cosa parece responder negativamente: el tema, una vez expuesto, ¿no es susceptible a lo largo de la sinfonía de ser tratado con todas las técnicas factibles? Es más, para dejar exhausto a un grupo temático no hace falta ni exponerlo… (No, no es ninguna paradoja). Siendo así, ¿qué es lo que asegura la cohesión de, por ejemplo, una trilogía? ¿Tal vez el espíritu?

Proyecto grandes bloques monolíticos de un solo trazo, los sacudo, retiro los cascajos y comienzo a picar como una loca. Antes he cuadriculado el volumen en un bosquejo. Anoto detalladamente los datos… Y cuando, de noche, entreveo de soslayo la imagen de la sombra, me giro. Me solazo con su visión fugaz. Entonces compongo. Nunca antes.

Mi ideal soy yo en una etapa futura de mi vida; cuando compondré lo audible y lo inaudible sin esbozo; cuando podré levantar el velo que cubre a los arcanos de la música; cuando, cara a cara con el misterio revelado, me arrodille delante suyo para recibir el don.

No cesa de pasarme por la cabeza el precepto que dice: Una buena idea deviene mala si no se dan las condiciones óptimas para su aplicación.

Yo, sombra lunar, de empalidecida mirada nacarada, me perdono a mí misma por dejar arrinconada alguna vez una idea, aquella idea, la Idea, creyendo tener posterior cabida dentro de mi sinfonía, felicitarme por anticipado por mi paciencia y serenidad, y lamentándome, ¡ay!, después.

Decía un compositor que, escuchando las sinfonías de cuatro movimientos, encontraba que les sobraban los dos internos, y que debido a eso, en las suyas él trataba de integrar los dos movimientos externos (polarización tensión-relajación) en uno solo. Lo que quizá él no sabía es que la música sinfónica no admite actitudes esencialistas, que para eso existe la música de cámara. El número de movimientos no guarda relación con la esencia y propiedades características de la sinfonía, sino con la vastedad oceánica del total de la forma.

A veces tengo la impresión de que mi música ya está compuesta en algún lugar secreto, de que la voy escuchando, distorsionada, a través de las oquedades del fondo de una cueva… Al final encajonaré mi estudio dentro de una gruta y viviré al acecho, depredando sonidos. Cuando escuche uno lo paralizaré, disolviéndolo, succionándolo, digiriéndolo, excretándolo y etiquetándolo. Luego, con tranquilidad, lo iré transcribiendo en un grimorio sónico que guardaré para cuando me sea menester.

¿Qué es la perfección sinfónica? Dicen que la integración a gran escala de todos los elementos y parámetros musicales. Yo no creo que sea la condición única, sino la previa, puesto que no faltan obras que la cumplen y no valen más que el papel en el que están escritas.

Si el xilófono es vodka, la marimba es tequila y la guitarra eléctrica es bourbon, el humo del tabaco es espíritu: es mi toma de tierra, ya que me protege de la agresión de mis fantasmas interiores, me minimiza el ruido cósmico y mejora la calidad de lo que escucho.

Me lo ha soplado mi amigo en estado de semi-vigilia: “Te equivocaste conmigo: no era únicamente tu Movimiento, yo ya era tu tercera sinfonía cuando, allá en tu estudio, muriendo la pasada primavera, trazaste la doble divisoria final de una obra lenta y extraña. La copiaste a mi dictado. Acuérdate de cómo reían los espíritus sobre el tejado”. No es la primera ocasión que al despertar me dice cosas raras. Pienso que es inútil discutir con un Movimiento somnoliento; que los motivos, los temas, los movimientos, las sinfonías, en abstracto, tienen siempre la razón -y más si este Movimiento/Sinfonía en concreto, esta pasada noche ha ido alternando el tennessee whiskey con la cerveza y me ha hecho escuchar Heavy Metal y piezas orquestales de Der Ring des Nibelungen a un volumen brutal-; que yo lo quiero porque noto su deseo y me hace vibrar. He bailado delante suyo como una loca -la primera canción que me ha puesto es Princess of the night

(quiero pensar que en honor mío) de una banda anglosajona y, seguidamente, la Trauermarsch beim Tode Siegfrieds

(me ha dicho que le he dado miedo bailándola)-, todo parecía girar en torno mío como mariposas nocturnas alrededor de una farola, y yo era una araña. Sin embargo no soy la araña, todavía no, debo ser demasiado joven, por lo que le he hecho una carantoña, he clavado dulcemente su barbilla en mi esternón y le he contestado con lagotería: “Así fue, cariño”. Y sí, a los espíritus los estuve escuchando durante el periodo de composición de mi tercera sinfonía. Sinceramente, tengo la íntima certeza de que quien me dictó la sinfonía no fue mi amante, sino ellos.

Tiro millas, que el camino es largo, lo que decir, mucho, y el tiempo, ¡ay!, corto.

Yo, mujer mortal, de divina saga degradada, me canto a mí misma para dejar arrinconado alguna vez un miedo, aquel miedo, el Miedo. Entono en voz baja, de noche, en la penumbra de mi estudio, motivos generadores de vida, productos de mi angustia, que se desvanecen en las tinieblas.

A las tres y cuarto de la madrugada, a la hora antinona, sentada ante mi mesa de trabajo, en el curso de un éxtasis no inducido, se me ha aparecido la figura oscura; hoy de modo diferente: bamboleándose, enternecida de amor por mí, marcando el compás de mi alma y diciendo mi nombre… No le he contestado.

Estoy convencida de que lo que se me apareció hace seis días, el 4 de mayo de 1998, no fue solamente la forma sombreada y huidiza habitual. ¡Malditos escalofríos y temblores y miedos que me embargan!

Cuevas del Almanzora, Almería, 28 de agosto de 2019

Comentarios

  • AffiliateLabz
    16 febrero, 2020

    Great content! Super high-quality! Keep it up! 🙂

    • Joan Carles Sender
      2 junio, 2020

      Muchas gracias por tus palabras de aliento.

  • Arnette Cunio
    2 junio, 2020

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    • Joan Carles Sender
      2 junio, 2020

      Me satisface que mi trabajo te sea de utilidad. Saludos cordiales.

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