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Segundas palabras de la musa a la compositora (Cuento 7)

Veo tu rambla desbordando sangre. Oigo tu miedo que palpita lento. Noto tu costra empapada mientras lamo tu herida. 

Silencia tu dolor; deja escuchar mi música a través de tus llagas. Modula tu sufrimiento; muestra la verdad mediante la belleza del sonido. Necesaria te será la paciencia para que, haciendo mi voluntad, goces la promesa de poseer tu propia alma.

Toqué a tu puerta de noche, te llamé cuando estabas ausente, te convidé a oler las rosas de mi jardín y te hablé dulcemente al oído cuando te hallé. Te deleitaste con estas pequeñas tentaciones y coqueteaste conmigo, y en tu fuero interno me lo agradeciste. Consentiste al final en dejarme entrar en tu casa, y con delectación disfrutaste de mi inspiración divina.

Siento de noche que no ves la luna… ¡Anda y búscala allá abajo donde destella la arena blanca, como espejada!

Te acompaño, no temas. Mira allí, en ese cauce seco: es donde duerme; está soñando con nosotras. ¿No lo notas? Me preguntas qué es la luna. Escucha: es una creación de la música, como tú misma; yo también lo soy. 

Me creó la música para mandarte mensajes, al no poder tener tú comunicación directa con ella. La oculto detrás de mi velo inabarcable de colores cambiantes. Si la escuchases directamente sin mi intercesión, morirías. Cuando osas lograr alzarlo un poquito no me ves a mí ni a mi Señora, únicamente se te aparece enfrente la luna, ¿verdad?

Solo te tienes a ti misma, chica. ¿Cómo harás por conocer el mundo? Ponte enfrente de la luna, mira en lo profundo.

Y descubre tu alma, plegándose a mi voluntad, que es la tuya, y goza de lo que ves. ¿Atisbas ahora la verdad? Imposible que la columbres si no es haciendo además lo que sabes hacer, que es música. Crea con ella belleza.

Así obtendrás un destello de esa verdad. De la única forma a la que, por tu condición mortal, te es accesible. Se oculta detrás del velo de la música. Si la vieses directamente sin su intercesión, morirías. Pero cuando la oyes no escuchas la verdad, solo la integración de los distintos elementos que la conforman.

Todo remite a lo mismo, ¿sabes? Siempre los hombres han querido luces antes que sombras en su afán eterno. Es comprensible.

Por eso te aman: porque les aportas el espejismo de inmortalidad que todos vislumbran en su interior; porque alguien como ellos les hace soñar en apariencias inalcanzables. Se les inoculó esa conciencia para intentar trascender el misterio.

Yo sé de vuestro dolor y de vuestros anhelos, y a eso me atengo en mi condición de sierva de la música y de los hombres. De aquel os alivio y a estos os acerco. Para que en vuestra postrer hora estéis prestos a nacer a una nueva vida. Moriré yo también algún día, el día en que vuestra energía y vuestra memoria desaparezcan para siempre.

Muestras de qué forma compones caos, logras cantar sangrientamente ecos, gozas dejando a tu musa libre en tu cortijo.

Te exhibes valiente y atrevida, amada, te sabes protegida. Te temes a ti misma más que a los demás. No emprendes asunto en que te contradiga yo misma. No te avergüenzas en hacer escuchar al público mis palabras y cantos. ¡Alabada seas!

Te has atrevido, asida de mi mano, a lanzarte a lo desconocido; te he llevado a esos lugares que en una vida futura todos soñaréis. Te has humillado cuanto has podido delante del misterio, conociendo tu poquedad inconmensurable de mujer mortal. ¿Qué es lo que eres tú, sino espejo de esta tierra seca abierta por multitud de ramblas mostrando su sed de sangre del cielo?

Quien ha escrito este cuento dice: Musa amada, visionaria madre, habla bien claro a mi cruel amiga, que me ayude.

Te exhorto, amada mortal, a que colabores con él, favoreciéndole para que logre sus objetivos. Ya conoces cuáles son. Cuando coincidáis recuérdale todo lo que me debe, invocadme y apóyale en el proceso de silenciamiento de su ego durante el fragor de su obra.

Si te ha llamado cruel no se lo tengas en cuenta, se victimiza. Sacúdele su vagancia; oblígale, a cada puesta de sol, a que me adore. Transmítele, aunque ya lo sabe, que yo estoy siempre con él, pero que hace falta que me invoque. Y que atienda a los cantos que oye durante sus semivigilias diarias: ¡Son de mi alma!

Cuevas del Almanzora, Almería, noche de San Juan de 2020

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