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LA MUSA. CANTO PRIMERO

En mi paseo cruzo ramblas secas.

Verdes chumberas con espinas duras

borran mi sombra de la breña oscura.

Y me detengo.

 

Hay labradores que cultivan sombras

desconocidas en sus viejas fincas.

Manchas que crecen, de aberrantes tallos,

lamen el cielo.

 

Oigo que afilan sus guadañas viejas

en sombreado y despoblado llano.

Sopla un poniente que enrojece el cielo

cuando las veo.

 

Mis alacranes rectifican oro

bajo el lecho de la rambla oculta…

Tras la ladera jaspeada verde,

pican la tarde.

 

Brincas por ramblas que no son de nadie.

Odio concentras en tus ojos ciegos.

Buscas con rabia reventar tu vida

llena de lodo.

 

¿Piafas, galopas, carinegra sombra?

Rompe las riendas que sujetan firmes

garras oscuras, para entrar en casa,

cerca del diablo.

 

¿Qué haces tiesa, blanca y negra sombra?

Miras mi casa sin perderte nada.

Sabes que a veces nubes grises cargan

gotas de sangre.

 

Huyo canciones que serán tu tumba.

Bailo tu estrofa, vieja vida herida.

Antes de verme sollozar de pena

frente a tu suerte.

 

Legan desgracias a mis días mudos

quienes debieron arrancar mi lengua.

Oigo sus muertes, a lo lejos…, dulces

como zumbidos.

 

Cuento licores mientras lloro sola.

Bebo mi suerte sobre sueños lilas.

Dulce, amada, siempre puta y virgen,

bailo desnuda.

 

Abro mi surco, ciego tubo blando.

Dreno mi barro. Crujen ramas secas.

Grito irrigando néctar cristalino,

savia reciente.

 

Dulce amiga, besa labios tintos;

antes del alba, después del ansia.

Muere tranquila; rayos rojos rasgan

sueños en polvo.

 

¿Cuándo te vi por vez primera? Dime.

Nunca respondes, siempre callas todo.

¿Ves, infeliz, que noto cuanto miras

desde la muerte?

 

Tenue membrana, tapa lo invisible.

Cubre con capa negra lo innombrable.

Eso que puedo ver muy dentro mío

cuando me duermo.

 

Duermo despierta; sale el sol muy pronto.

En mis rincones gruñe un cerdo negro.

Hoza en mi vida cuando el sol se oculta

en mi cerebro.

 

Nube de trazo negro, ¡tiemblas tanto…!

Pende tu vida cruel de un sueño tenso.

¡Debes surcar ya el aire rumbo a un

cielo de fuego!

 

Donde te ecuentres siempre hielo vivo

que te refleje mi deseo frío.

Búscame hondo, en penumbra, ahora,

antes del alba.

 

¿Ves las auroras, más allá del hielo?

¿Las tempestades congeladas, roca

fría emergiendo por encima nuestro, 

como esfinges?

 

Háblame, sombra, desde donde sea.

Hiela mi sangre, tan impura y densa.

Hasta que pueda ver el sol nocturno

sobre mi frente.

 

Sombra sin carne, sombra que huyes lejos,

por las entrañas de la rambla oculta.

Carne hecha verbo, sombra que oyes cerca

todos mis versos.

 

Me hablas, sombra, desde donde yaces.

Duermes en lecho de espejos ciegos.

Donde sus lunas sueltan chispas rojas

sobre mis ojos.

 

¡Muestra, mi sombra, tu furor lascivo!

Que te retuerce al yacer de noche

en la covacha de la rambla seca,

lejos de todos.

 

Repta tu nube por debajo mío

con una lumbre de olvidados mundos.

Busca mis muslos de piel suave y clara.

Y se derrama.

 

Llega mi noche con la luna nueva.

No se recorta ya mi sombra aciaga

en nuestra rambla. Sepultada viva,

yace maldita.

 

Tumba sellada de escondida rambla, 

donde se ocultan sus infaustos restos:

¡Abre tu boca! ¿Ya no gritas, loca:

bésame, amada?

 

   En mi cortijo, Almería, 7 de noviembre de 2020

Copyright © Joan Carles Sender, 2020

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