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El compositor sigue a su musa (Cuento 10)

Marcho en tu busca, donde espero amarte en altiplano cerca de los cielos. Tú me llamaste con tus dulces cantos asonantados. Acompañada de bandolas, tiples, con las guitarras bien templadas, lloras, hieres mi vida, refugiada en selvas verdes y oscuras. Convulsionaste mi caudal interno con tu vibrante verbo rosa, musa, hija del monte, esplendor divino que me escogiste.

Tercias tu tiple, templas triples cuerdas, sacas tus voces interiores; crujen nobles maderas, los dolores bailan, rompes tus uñas. Dale al Bambuco, revelando giro inverosímil: restallante toque que despelleja nuestra carne viva hasta matarnos.

Tú, musa mía, tocas, cantas, lloras, hieres el aire con tu voz divina. Puedo escucharte, diosa blanca, luna que me reflejas. Gritas, rabiando, por mi amor lejano, esperanzada de tenerme pronto; cantas, llorando, por tu hombre amado, desesperada. Cuerdas atadas a un madero muerto que resucitas cuando surrungueas los Torbellinos. Me los cuelas, raudos, en las orejas.

Eres principio, fin, transcurso alado de nuestra vida. ¡Ay, musita mía!, hembra tiplista, te adoro, ¿cierto? Y eres mi vida. Cántame, musa, desde nube blanca, en monte oscuro. Yo te escucho atento en tu morada, con certeza clara de no fallarte. Noto que invocas en ocasos ocres sones transidos que supuran ansias de eternidades todavía ignotas por los eones.

Sin primaveras, sin otoños mustios que nos retornen sentimientos viejos, inventaremos nuevas formas que hagan que florezcamos. Hija de diosas y de dioses, dora balsa que embarque hacia lunas blancas donde ya esperan las mazorcas de oro el fin del tiempo.

Reverdezcamos en las aguas limpias de los meandros de los ríos: ríos cuyos cañones serpentean torvos, amenazantes. Tallos que emergen de sus aguas turbias como anaconda que el chamán atrae desde la barca con un canto experto que magnetiza. ¡Saca del agua los misterios cuyos guardas se mecen muertos sobre cieno que, putrefacto, sella la compuerta de los abismos!

Sobre volcanes: ¡aire, aire, aire! Rolan los vientos, mareando nubes grises y blancas, pensamientos crueles propios de locos. Mimas el aire que me abraza dulce. Cuidas los pasos de mi mente turbia. Velas mis sueños con colores verdes como tus ojos.

¿Puedes decirme la verdad que ocultan cerros verdosos, montes arbolados llenos de niebla de un blancuzco denso como un cerebro? Cierro mis filas de demonios ciegos para que ayuden a mis obras. Guía, ojo en vanguardia: ¡prende el fuego eterno de nuestro genio!

Cóndores muertos en las lomas verdes alzan el vuelo por subsuelo hueco; sombras que migran rebuscando diosa que los cobije. Me hallas desnudo donde estoy dormido. Me hablas, descalza, cuando estás velando mi sueño eterno. Componiendo mi obra, me la bendices.

Canto, llorando, por mi amor dolido, desesperado de no verme enfrente de los misterios que, velados, bailan sobre los cerros. Relampaguea tras tu sueño leve. Hija del monte, sombra de silencio brujo, chirrías bronca lengua: «Hombre loco, atiende: El aguadeño, sobre la cabeza; botas camperas, perro fiel y una hembra. No necesitas más que esto, ¿sabes? Y un escritorio.»

         

                          Villa del Cerro, Bogotá D.C., 4 de junio de 2021

Comentarios

  • El perfume de las 40 p...
    7 febrero, 2021

    Me permito realizar algunas apreciaciones referentes a su hermoso poema:

    Si alguien puede descubrir así la sublimidad de una persona se debe a que su interior está envuelto y absorbido por una enorme grandeza de espíritu.

    Leyendo sus pensamientos concluyo que esta mujer siente por usted el más grande de los amores, seguramente usted debió ser la luz que siempre existió en la oscuridad de la vida de ella.

    Usted irradia en su vida tranquilidad, positivismo y ganas de vivir y seguramente la vida les dará la oportunidad de vivir con ansias y mucha fuerza tan hermoso sentimiento.

    Debe saber también que desde hace mucho tiempo esas cuerdas triples suenan por usted, esos dedos se mueven deseosos de hacer trinar Bambucos y Pasillos pensando en usted.

    Cada nota y el esfuerzo con el que se pulsa representa la fuerza y el compromiso de que, como se anhela que el instrumento suene bien esta mujer desea que el sentimiento mutuo que comparten tenga la misma dedicación, sutileza y constancia que la ejecución del tiple.

    Cada día ella debe preguntarse qué cosa en la vida pudo hacer para merecer el gran tesoro de tan maravilloso hombre y, aun desde la distancia y el improbable encuentro todo fue probable por la templanza de ustedes y por la voluntad del ser superior que rige el universo.

    Representas para ella la sublimidad de la vida, el nacimiento de la flor entre las cenizas de las guerras que tuvo que afrontar.

    Serás el capitán del barco que tendrá su descendencia, serás la fuerza, la vida y la mejor decisión de esa mujer.

    Siente por ti lo más sublime de lo sublime y te amará por siempre, sabe que lo mereces más que nadie en el mundo y agradece cada día el regalo de tu amor y tu presencia.

    ¡Felicitaciones!

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