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Segundas palabras del compositor a su musa (Cuento 11)

«Solo tú puedes adorarme, lindo, mi muñequito. Ni tú mismo entiendes cuánto te amo en la noche clara de mi presente.» Esto me dices. Mucho me amas, musa. Llevo ya tiempo calibrando lunas y paseando bajo un sol oscuro para saberlo.

Gracias, amada, por amarme siempre. Te abandonaste en mis tiernos lazos que, rodeando tu cintura, vuelan libres al viento. Mientras yo cante tus amores, musa, perviviremos en la tierra juntos. Gracias, mi vida, por gozar fogosa de mis pasiones.

Siempre en la noche me respondes clara. Voy comprendiendo tus respuestas cautas. Ya nunca temo la verdad radiante que me descubres. Estoy contigo. Acaricio, beso tu pelo crespo. En tus ojos veo nuevos reflejos que destellan todos nuestros anhelos. No me aparto. Si te amo, vivo. Tú ya lo sabes. Te adiestraste para, perpetuamente, insuflar tu aliento y revivirme.

Eres discreta. Nunca cuentas nada sobre mi vida, en tiniebla envuelta. Mientes tranquila, con permiso mío y de la luna. Somos amantes antes de los tiempos. Miento y desmiento. Me conoces, musa, porque juntamos nuestras almas puras al encarnarnos.

Nos asomamos al barranco negro de la locura. Lo que oímos nunca lo olvidaremos. De su fiero ruido ya nos zafamos. Retrogrademos el futuro ahora. En nuestra casa, donde duermen sueños resucitados por tu nuevo tiple, lo esperaremos. Que nos descubra la ceniza antigua que nos lanzaron de calderas huecas duendes sin nombre que volaban sobre nuestros volcanes.

Robas a muertos sus tesoros nuevos. ¡Cómo relumbran en tu mente joven! Me los ofreces en un acto ardiente, sencillo y tierno. Grácil me muestras tus maneras finas: exaltaciones de mil timbres ígneos que no aparecen hasta el fin del tiempo en que estipulas.

¿Quién te ha dictado lo que yo compongo, musa, que ocultas el misterio bajo múltiples velos de colores de agua tornasolada? Cuando termines todo quema el cuerpo que me sostiene fuerte en vida honda. Abre mis notas, exhibiendo todo lo que has creado.

Duelen los sones que se escapan vivos de triples cuerdas que has pulsado sabia. ¡Vive por ellos, que no encuentren nadie que los someta! En los finales ya se escucha el pulso que, palpitando, estremecen cuerdas. «¡Cruje la mente!», cantan hadas locas desde la puerta.

Nos asomamos con amor a valles llenos de lunas. Las que vimos siempre recordaremos. En praderas grises nos abrazamos. Rasgo tus velos. Brillas blanca y tersa con tu llanura prodigiosa, fértil. Ardes de frío al saberte cerca de nuestra alcoba. Bebo tu sangre roja y perfumada. Como tu carne limpia de su sangre. Bebes mi leche; te la tragas porque sabe a vida.

¡Basta de versos! Nos amamos, linda musa de pelo negro azabachado. Ya descubrimos nuestro amado brillo en las miradas. Las mariposas baten alas suaves. Estallan risas cristalinas. Entre tú y mis ojos, las palabras fluyen como los ríos.

Y comprendimos nuestra vida entera. Fueras temores, esperanzas. ¡Fuera! Solos, nosotros mismos, sobre todos, ya triunfaremos. Musa, mi vida, besaré tus ojos verdes, preciosos, llenos de ternura. Y gozaremos nuestro amor divino eternamente.

 

                                                                                                   En mi cortijo de Almería, 7 de febrero de 2021

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